Una dieta que evita las variaciones de los niveles de glucosa en la sangre es benéfica para impedir consecuencias que produzcan malestar. Por esto es necesario incluir alimentos ricos en carbohidratos (de forma proporcional al peso corporal, sin abusar de ellos), como son el pan, los cereales (como el arroz y el frijol), papa, plátano y pastas. Es recomendable optar por carbohidratos provenientes de las frutas en vez de las harinas y procurar consumir pocas grasas, ya que retrasan la digestión.
Es posible que tu organismo requiera una dosis extra de estas sustancias. Estos complementos los puedes adquirir de forma libre en farmacias. Es recomendable que verifiques que no contengan sustancias excitantes como el ginseng o la cafeína, porque pueden producir un efecto contrario. Llevar a cabo el tratamiento durante varios meses resulta fundamental; pues, de este modo, el organismo se carga de las reservas que podrá necesitar en otro momento.
Es importante establecer horarios fijos de comida para que el organismo y la mente se encuentren en orden. Esto ayuda a evitar que el estrés afecte al estómago y a los sistemas inmunitario y nervioso. Además, también provoca que comas menos y con más frecuencia, impidiendo que el cuerpo se sobrecargue y se produzca indigestión.
El cerebro reacciona con ciertas dietas para la producción de serotonina, uno de los responsables de enviar señales de alegría y bienestar. El incremento de esta hormona se provoca con la absorción del aminoácido triptófano. Esta sustancia se puede encontrar en alimentos como el pescado, nueces, almendras, plátanos y lechuga, así como en la leche y sus derivados. Por lo anterior, se debe tener una dieta rica en estos alimentos, para disminuir el nivel de estrés.
En una situación de estrés, el cuerpo aumenta la necesidad de vitamina C. Hay muchas frutas, como la naranja o la guayaba que son una fuente rica de esta vitamina. Además, estos nutrientes ayudan a estimular las defensas, lo que es benéfico en caso de presentar alguna situación estresante.
Se pueden incluir suplementos vitamínicos y minerales.
Estos productos son excitantes del sistema nervioso y no nutren, pueden provocar, en cambio, que se coma con mayor rapidez, lo que puede traer consigo la sensación de apetito constante y provocar que comas todo el día. Además, casi siempre, estos refrigerios se basan en dulces y frituras que pueden traer unos kilitos de más para tu cuerpo. Ningún alimento por sí solo es anti-estresante. No obstante, alimentarse con ciertos alimentos puede ayudar a enfrentar el estrés, pues con ellos las defensas se mantienen en un nivel alto.
Una comida pesada o alimentos picantes antes de acostarse pueden producir molestias durante la noche, mientras que los líquidos ocasionan viajes al baño, interrumpiendo el sueño. No obstante, un refrigerio ligero evita despertarse durante la noche por hambre.

Es recomendable tomar el tiempo necesario para realizar cada comida. Sentado y masticando perfectamente todos los alimentos, no debes tragar sin triturar muy bien todo lo que consumas.
Toma más de litro y medio de agua al día.
Es mejor consumir las frutas 15 minutos después de comer.
Cuando completes esta dieta de dos días, debes reflexionar sobre los hábitos que provocan que tengas estrés en tu vida. En caso de no poder solo, debes pedir ayuda.
Día 1 Desayuno 1 jugo de naranja o de uva, 1 yogurth con fruta fresca, 1 pan tostado con queso blanco 1 taza de té o café descafeinado. Comida Ensalada de verduras con cualquier hoja de color verde, como berros, lechuga, o espinacas. Pescado con salsa de jitomate natural. Ensalada de frutas frescas. Té de tila. Media Tarde Un vaso de leche semidescremada o un yogur natural. Cena Arroz integral con mariscos, pescados y verduras. Verduras al vapor: calabaza, zanahorias, brócoli, alcachofas, ajo y cebolla. Ensalada de frutas frescas Té de tila o menta.
| Día 2 Desayuno Jugo de naranja, 1 kiwi, 1 pan tostado integral con mermelada de frutas. Té o café descafeinado con leche descremada. Comida Ensalada de lechuga, aguacate o zanahoria condimentada a tu gusto. Arroz integral con pimientos verdes y atún. Ensalada de frutas frescas. Media tarde Un vaso de leche semidescremada o un yogur natural. Cena Espárragos, brócoli, col y alcachofa, con jugo de limón. Sardinas frescas, u otro pescado al horno con pimientos. Ensalada de frutas. Té de tila.
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